que pasa si todo lo que comes te sienta mal

Todo lo que comes te sienta mal descubre por qué y cómo solucionarlo

Muchos de nosotros nos preguntamos si los síntomas persistentes que experimentamos pueden estar relacionados con nuestra dieta. Sin embargo, hay una buena noticia que debes saber: no es probable o imposible que cada alimento que ingieres te afecte negativamente. Aunque existen síntomas comunes como la sensación de hinchazón, la distensión abdominal, el exceso de gases y los sonidos intestinales, no podemos evitarlos por completo cuando surgen en nuestro día a día.

Un problema de defensas

Recuerdo esos anuncios de una marca de lácteos que promocionan sus productos como fortalecedores de las "defensas" del cuerpo. Incluso utilizan personajes animados como guerreros defensores que luchan dentro de nuestro sistema digestivo, haciendo referencia a la serie de nuestra infancia, 'Érase una vez la vida'. Más allá del marketing, la realidad es que las "defensas" de nuestro sistema digestivo son clave en el SIBO.

Ya conocemos la importancia de la microbiota en la salud del cuerpo y la mente, así como los beneficios de los prebióticos y probióticos. Sin embargo, debemos recordar que en nuestro cuerpo conviven bacterias con funciones vitales, especialmente en el intestino delgado. Pero como suele pasar, el exceso puede ser perjudicial.

El cuerpo humano tiene sus propios mecanismos de protección, incluyendo el control de las bacterias intestinales. La boca, el estómago, el hígado y el páncreas juegan un papel importante para mantener un equilibrio y evitar un crecimiento excesivo de bacterias en el intestino delgado y un desplazamiento hacia el intestino grueso. Pero cuando algo falla y nuestras defensas no funcionan correctamente, pueden multiplicarse en exceso, llevando al SIBO.

Trastornos Digestivos Funcionales

TDF: Síntomas que afectan la calidad de vida

En caso de padecer TDF, no hay daños en los órganos y se considera una condición libre de amenazas para la vida. Sin embargo, los síntomas y signos que lo conforman afectan significativamente la calidad de vida del paciente. Entre ellos, se encuentran la diarrea funcional, constipación funcional, síndrome de intestino irritable y dispepsia.

Se estima que alrededor del 70% de las personas diagnosticadas con síndrome de intestino irritable relacionan la ingesta de ciertos alimentos con la aparición de sus síntomas. Por esta razón, la alimentación juega un papel primordial en el tratamiento de esta condición.

Aunque en muchos casos no se comprende completamente cómo ciertos alimentos pueden empeorar los síntomas, está claro que cuando se minimizan o se ignoran los síntomas, se pierde inevitablemente calidad de vida.

Por eso, es importante enfrentar los síntomas de TDF y buscar maneras de aliviarlos, en lugar de normalizarlos o desestimarlos. La calidad de vida depende de ello.

CONSEJOS ANTE UNA INGESTIÓN INCÓMODA

Ante cualquier malestar después de haber comido, es recomendable escuchar a nuestro cuerpo y hacerle caso a sus señales. No debemos forzar la ingesta si notamos que algo no nos sienta bien. También es esencial evitar el consumo de bebidas alcohólicas y darle al cuerpo el tiempo necesario para recuperarse.

No es aconsejable realizar actividad física para tratar de aliviar los síntomas de hinchazón o malestar. Si el cuerpo está manifestando molestias, es mejor no exigirle y en su lugar brindarle el descanso que necesita.

En caso de sentir náuseas o la necesidad de vomitar, es importante prestar atención y no reprimir las ganas. El vómito es un mecanismo de defensa natural que ayuda al cuerpo a eliminar lo que le está causando malestar. Sin embargo, nunca es recomendable provocarlo, sólo debemos dejar que suceda si el cuerpo lo requiere.

Evitemos forzar la ingesta y darle al cuerpo el tiempo necesario para recuperarse. Si hay necesidad de vomitar, dejemos que suceda, pero nunca lo provoquemos.

Qué es el FODMAP

Las FODMAP son siglas que representan a diferentes tipos de azúcares que no se pueden asimilar adecuadamente en el intestino delgado. Al llegar al intestino grueso, son fermentados por las bacterias presentes y su acumulación provoca diversos síntomas como dolor abdominal, gases, hinchazón y diarrea. Por ello, es importante eliminar estos azúcares de la dieta y reintroducirlos de manera gradual una vez que los síntomas hayan desaparecido, estableciendo un límite de tolerancia personal.

Aparte de la dieta, otras causas que pueden desencadenar los síntomas del síndrome del intestino irritable y la disbiosis intestinal en algunas personas son el estrés, el consumo de ciertos medicamentos (como antibióticos, corticoides o antiinflamatorios) y la obesidad. Para tratar este problema, es necesario seguir una dieta baja en FODMAP y restaurar el equilibrio de la microbiota intestinal.

Cada individuo tiene una capacidad limitada para asimilar estos azúcares y en situaciones de disbiosis, esta capacidad se ve significativamente disminuida. Al seguir una dieta libre de FODMAP, le daremos a nuestro cuerpo la oportunidad de recuperarse y de gastar menos energía en el proceso de digestión. Esto permitirá que nuestro sistema digestivo se recupere con el tiempo y vuelva a un estado de equilibrio saludable.

El proceso de la alimentación libre de FODMAP

¡Atención! La primera etapa de limitación de alimentos dura aproximadamente de 6 a 8 semanas y no es conveniente prolongarla. Esta fase es extremadamente rigurosa y puede resultar en carencias de ciertas vitaminas y minerales debido a la restricción de frutas, verduras y granos. Además, se verá disminuida la variedad de nuestra microbiota. ¿Por qué? Porque en personas sanas que toleran cierto nivel de FODMAP sin problemas, estas azúcares actúan como fibra prebiótica y son aprovechadas por las bacterias intestinales como fuente de alimentación. En todo caso, tendrás que optar por los siguientes grupos de alimentos:

  • Cereales y tubérculos: trigo, centeno, arroz integral/salvaje, cereales y productos integrales, espelta, amaranto, cebada y avena.
  • Legumbres: garbanzos, lentejas, judías blancas/pintas, guisantes, habas, soja y cacahuetes.
  • Lácteos: lácteos con lactosa (vaca, cabra, oveja) y mantequilla.
  • Verduras: alcachofa, ajo, cebolla, brócoli, coliflor, champiñones/setas, escarola, espárragos, hinojo, maíz dulce, puerro, pimiento rojo, remolacha y repollo.
  • Frutas: aguacate, albaricoque, breva, caqui, cerezas, ciruela, pasas, fruta desecada, fruta en conserva, dátil, manzana, pera, melocotón, mango, melón, nectarina, sandía y zumos.
  • Frutos secos: almendras (máximo 12 gramos por persona), pistachos, avellanas, anacardos, nueces, piñones,...

Mantente en contacto con un especialista, quien te indicará qué cepas probióticas son adecuadas para tratar la disbiosis, asimismo como te ayudará a reintroducir los alimentos una vez hayan desaparecido los molestos síntomas como la distensión abdominal y los gases. ¡Ánimo, que juntos podemos lograr una mejor salud!

Causas frecuentes del SIBO

Lamentablemente, existen múltiples razones detrás del SIBO, las cuales suelen confundirse o enmascararse con otras enfermedades o circunstancias. Estas causas varían significativamente de un paciente a otro y al no ser considerado como una enfermedad común, sino como un efecto o asociación a otros trastornos, su diagnóstico y tratamiento resulta aún complejo.

Este trastorno se desencadena cuando las defensas fallan, y estas pueden verse afectadas por diversas causas que a veces se retroalimentan entre sí. Algunos de los trastornos más comunes que pueden provocar SIBO son:

  • Alteraciones en el sistema inmunológico: debilidad en las defensas del cuerpo, falta de producción de anticuerpos, entre otros factores.
  • Disfunciones gastrointestinales: como reflujo ácido, enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria del intestino, entre otros.
  • Intervenciones quirúrgicas: especialmente en el tracto gastrointestinal, que pueden alterar la función normal del sistema digestivo.
  • Toma de medicamentos: como antibióticos, anticonceptivos, analgésicos, entre otros.

Manifestaciones del SIBO y su origen

SIBO: Cómo reconocerlo y sus síntomas

A menudo, los síntomas comunes de SIBO pueden pasar desapercibidos o confundirse con otros trastornos digestivos, siendo considerados simplemente como "molestias". Aquellos que sufren de problemas digestivos crónicos suelen acostumbrarse a ellos, aceptándolos como parte normal de su día a día, aunque esto puede tener un impacto negativo en su salud mental y vida social.

Estos síntomas están asociados con una mala digestión debido a intoxicación, exceso o infecciones virales temporales como la gripe estomacal. Por lo general, se presentan como distensión abdominal, gases incómodos, flatulencia, diarrea, náuseas y dolor abdominal.

Pero, ¿por qué se producen estos síntomas? La respuesta radica en las bacterias que habitan en nuestro intestino. Cuando no están bajo control, estas bacterias se acumulan y, como bien explica el experto en gastroenterología José Carlos Marín del Instituto Clínico del Aparato Digestivo, pueden generar verdaderas fiestas en nuestro sistema digestivo.

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