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Encefalopatía hepática Pronóstico y expectativa de vida según expertos

Cuando el hígado no puede eliminar las sustancias tóxicas de la sangre, se produce una disminución en las funciones cerebrales conocida como encefalopatía hepática (E.H.). Esta situación puede manifestarse súbitamente o, en su lugar, evolucionar gradualmente en el tiempo.

Síntomas

Los síntomas de la encefalopatía hepática pueden manifestarse gradualmente o de manera repentina y con gran gravedad. Pueden presentarse como cambios en la conducta, alteraciones neurológicas y de comportamiento. Estos síntomas pueden clasificarse según su intensidad:

  • Alteraciones leves: cambios en el sueño y la atención.
  • Alteraciones moderadas: confusión, desorientación y alteraciones en el habla.
  • Alteraciones graves: pérdida de conciencia y coma.

Los pacientes que sufren de encefalopatía hepática pueden llegar a ser dependientes debido a su sintomatología. Por ello, es importante que consulten con un especialista si notan cualquier afectación en su sistema nervioso o estado mental.

El diagnóstico precoz es esencial, especialmente para aquellos pacientes con afecciones hepáticas preexistentes. La encefalopatía hepática puede convertirse rápidamente en una enfermedad grave y urgente que requiere atención médica inmediata.

Prevención

Recomendaciones para cuidar el hígado: evita el consumo de alcohol y drogas.

Para garantizar un buen estado de salud del hígado, es importante evitar sustancias que puedan dañarlo, como el alcohol u otras drogas. Además, es esencial prevenir la absorción de sustancias neurotóxicas como el amoniaco.


La Fundación Española de Ayuda al Drogodependiente (FEAD) también aconseja evitar el estreñimiento, el sangrado digestivo y las alteraciones hidroelectrolíticas. Además, es importante huir de los sedantes, como las benzodiacepinas, ya que pueden ser perjudiciales para el hígado.



Por otra parte, la FEAD destaca la importancia de mantener una dieta equilibrada y una correcta hidratación, junto con la práctica de ejercicio físico. Estos hábitos ayudarán a garantizar un adecuado estado nutricional y a cuidar la salud del hígado.

Diagnóstico

La correcta identificación de esta enfermedad y su diferenciación de otros trastornos mentales requiere una evaluación exhaustiva que incluye estudios de neuroimagen, examen físico y revisión del historial clínico del paciente. Es importante llevar a cabo estas pruebas para garantizar un diagnóstico preciso y tomar las medidas adecuadas de tratamiento.

Los estudios de neuroimagen son una parte fundamental del proceso de diagnóstico ya que permiten visualizar la estructura y función del cerebro del paciente. Estos pueden incluir resonancia magnética, tomografía computarizada o imágenes por PET. Estas pruebas ayudan a detectar cualquier anomalía en el cerebro que pueda estar relacionada con la enfermedad en cuestión.

Acompañando a los estudios de neuroimagen, el médico realizará una exploración física del paciente para buscar posibles síntomas físicos que puedan estar relacionados con la enfermedad. También se llevará a cabo una revisión minuciosa del historial del paciente, incluyendo sus antecedentes médicos y cualquier otro factor relevante.

Entre las pruebas recomendadas para el diagnóstico de esta enfermedad, se encuentran la evaluación neuropsicológica y la biomarcadores en sangre o líquido cefalorraquídeo. Estas pruebas pueden ayudar a medir la función cognitiva del paciente y buscar posibles marcadores biológicos que puedan confirmar el diagnóstico.

Es importante destacar que el diagnóstico final de esta enfermedad no se basa en una sola prueba o estudio, sino en la combinación de todos los resultados obtenidos. Por lo tanto, es fundamental seguir un enfoque integral y llevar a cabo todas las pruebas necesarias para llegar a un diagnóstico preciso y brindar el mejor tratamiento posible al paciente.

Síntomas

Existen diferentes grados de síntomas en la insuficiencia hepática (HE). Esta afección puede manifestarse gradualmente y empeorar a medida que pasa el tiempo.

El mejor momento para buscar ayuda médica

Si tú o las personas a tu alrededor detectan algún tipo de dificultad en tu salud mental o en el funcionamiento de tu sistema nervioso, es fundamental que consultes con tu proveedor de atención médica. Esta recomendación es especialmente relevante para aquellas personas que ya presentan algún tipo de daño en el hígado. En estos casos, la Encefalopatía Hepática (HE) puede agravarse de manera rápida y convertirse en una enfermedad que requiere atención urgente.

Causas

Se desconocen las causas específicas, pero la encefalopatía hepática está asociada a trastornos que afectan al hígado. Estos trastornos pueden incluir enfermedades como la hepatitis fulminante o la cirrosis hepática, así como Shunt portosistémicos, que obstaculizan la circulación de la sangre hacia el hígado para su adecuado filtrado y depuración, y obstrucciones que impiden el paso de la sangre por el hígado.

De acuerdo a la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD), una de las posibles causas de la encefalopatía hepática es la exposición del cerebro a sustancias tóxicas debido a una disfunción hepática que impide su correcto filtrado. Cuando el hígado no puede eliminar estas toxinas de la sangre, éstas se acumulan en los vasos sanguíneos y generan problemas para el organismo. Una de las sustancias neurotóxicas que el hígado normalmente depura y transforma en inofensiva es el amoniaco, pero si no es procesado adecuadamente, puede desencadenar complicaciones. Por lo general, los pacientes que sufren de esta afección presentan previamente una enfermedad hepática crónica.

Además de las enfermedades hepáticas, la encefalopatía hepática puede ser causada por otras condiciones, tales como el consumo excesivo de proteínas, la deshidratación, desequilibrios en los niveles de electrolitos en la sangre (que pueden ser ocasionados por vómitos o tratamientos diuréticos), sangrados en el sistema digestivo, infecciones, bajos niveles de oxígeno en el cuerpo, problemas renales y el uso de medicamentos que inhiben el sistema nervioso central. Todas estas situaciones pueden inducir al coma hepático.

Tratamientos

La hospitalización es necesaria para tratar esta enfermedad. Los médicos determinan la causa de la encefalopatía hepática y, en base a su diagnóstico, eligen la terapia adecuada.

Entre los tratamientos utilizados se encuentra el uso de laxantes osmóticos y antibióticos para reducir la absorción de amoniaco. También es importante detener la hemorragia gastrointestinal y drenar la sangre acumulada en los intestinos. En caso de ser necesario, se abordan otras complicaciones como las infecciones, la insuficiencia renal o los desequilibrios electrolíticos. Es vital asegurar la nutrición adecuada y un buen suministro de oxígeno al paciente para prevenir daños adicionales al cerebro. Sin embargo, en ciertos casos, no se pueden utilizar sedantes ni tranquilizantes debido a la falta de metabolización adecuada por parte del hígado.

Causas

Una de las funciones más importantes que cumple el hígado es transformar sustancias tóxicas presentes en nuestro cuerpo en compuestos inofensivos. Dichas sustancias pueden ser producidas por nuestro propio organismo, como el amoníaco, o pueden provenir de aquellas que consumimos, como medicamentos.

Cuando el hígado sufre algún tipo de daño, estos "tóxicos" pueden acumularse en la sangre y afectar el correcto funcionamiento del sistema nervioso. Esto, a su vez, puede desencadenar en una Encefalopatía Hepática (HE), una condición grave que pone en riesgo nuestra salud.

Lamentablemente, las personas que presentan un daño hepático grave suelen ser más propensas a desarrollar HE. Y, en casos de daño hepático crónico, como la cirrosis, esta complicación puede convertirse en el resultado final.

Algunas de las causas más comunes de daño hepático crónico son:

  • Consumo excesivo de alcohol durante un largo período de tiempo
  • Hepatitis B o C crónica
  • Lesiones tóxicas por medicamentos o sustancias químicas
  • Enfermedades autoinmunes

Tipos

La encefalopatía hepática se divide en tres tipos según su causa, según señala la doctora María Luisa García Buey, especialista en medicina Digestiva y encargada de la Unidad de Hepatología del Hospital Universitario de la Princesa de Madrid.

Estos tipos son clasificados como:

  • Encefalopatía hepática aguda: causada por una insuficiencia hepática repentina o una lesión aguda en el hígado.
  • Encefalopatía hepática crónica: relacionada con una enfermedad hepática de larga duración y progresiva.
  • Encefalopatía hepática mínima: asociada con trastornos leves en la función cognitiva.

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